Una estancia no se mide
solo en noches.
Se mide en los momentos
que permanecen después.
Llegar no debería sentirse
como un proceso.
La puerta se abre,
las maletas descansan
y el tiempo empieza a ir
un poco más despacio.
No hace falta aprender
a estar aquí.
Las cosas encuentran su sitio.
Y uno también.
Hay días para salir.
Y otros para quedarse
sin sentir que falta nada.
Una luz encendida.
Una conversación sin hora.
La sensación de no tener
que irse todavía.
No hace falta ir muy lejos.
A veces basta caminar,
mirar alrededor
y dejar que el lugar
haga el resto.
Las llaves sobre la mesa.
Una luz encendida.
La ciudad queda afuera.
Y por un rato,
no hace falta nada más.
Hay lugares que forman parte del viaje.
Y otros que,
sin darte cuenta,
se convierten en la razón para volver.
Cartago espera.
Y Diana & Sans también.